Adrià Machín Blog de autor

Formas casi mágicas de generar ideas nuevas: introducción

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Seamos sinceros, si no te ha preguntado alguna vez de donde saca la gente las ideas en algún momento después de ver algo que te ha encantado o que simplemente lo ha petado, llegará un punto en el que acabarás haciéndolo. ¿Cómo no se me puede haber ocurrido a mi algo tan simple como esto? ¿Por qué no tengo ideas como esta? No estás solo. De hecho, un hombre llamado Edward De Bono ya pensó en esto y escribió un libro: «El pensamiento creativo». En él se explica la importancia del pensamiento estratégico y el pensamiento creativo, así como identificar, definir y comprender las técnicas sistemáticas de pensamiento lateral. Ahora bien, ¿qué es esto del pensamiento lateral? Bien, bien, empecemos por el principio. Definamos que es el pensamiento.

La RAE, siempre escueta y concisa, nos dice que el pensamiento es la facultad o capacidad de pensar. Está bien, pero tal y como nos indican unas cuantas excepciones más abajo, el pensamiento también puede ser definido como el conjunto de ideas propias de una persona, colectivo o incluso época, y es aquí donde las cosas se complican.

El pensamiento es el producto de la mente en el acto de pensar, una actividad inherente del ser humano que es estudiada por distintas disciplinas, entre las cuales destacan la filosofía y la psicología, obviamente cada una desde sus respectivos puntos. El principal objetivo del pensamiento es dotar de significado todo aquello que conocemos, incluyéndonos a nosotros, simples humanos, de manera que podamos manipular esta información para «comprender» el mundo. De ser así, si el pensamiento realmente nos sirve para comprender el mundo, un solo tipo de pensamiento no nos bastaría. Y aunque he leído que existen hasta 15 tipos distintos de pensamiento, en esencia, existen solo cuatro, el pensamiento crítico, el estratégico, el creativo y el lateral.

Con ellos tenemos de sobra. La mayoría de los pensamientos que he visto o me han explicado podrían perfectamente englobarse en alguno de estos cuatro. Permíteme ahora, de forma bastante resumida, explicar cada uno de ellos para que nos hagamos una idea de donde, valga la redundancia, salen las ideas.

El pensamiento crítico

El pensamiento crítico se propone analizar o evaluar la estructura y consistencia de los razonamientos, en particular, opiniones o afirmaciones que se aceptan como verdades en el contexto que se encuentra la persona, o también, la vida cotidiana de la misma. Esta evaluación se basa en la observación, en la experiencia, en el razonamiento o el método científico, ya que como resulta natural, una evaluación «correcta» debe tener una base argumentada de valores intelectuales más allá de impresiones y opiniones personales. El pensamiento crítico requiere de claridad, exactitud, precisión, evidencia y equidad. Es por esto que podemos dividirlo en dos partes, una de analítica y otra de evaluadora. Podríamos decir por tanto que…

El pensamiento crítico es un proceso mediante el cual se usa el conocimiento y la inteligencia para llegar de forma efectiva a la posición más razonable y justificada sobre un tema concreto.

Con el pensamiento crítico intentamos buscar la imparcialidad y ser objetivos, algo importante si queremos valorar nuestras obras sin cegarnos. ¡Ojo! La inteligencia y los conocimientos que se poseen no implican por fuerza que se tenga un razonamiento o pensamiento crítico siempre. La teoría del pensamiento crítico trata sobre cómo se debería utilizar la inteligencia y el conocimiento para obtener los puntos de vista más racionales posibles. Escuchar y observar son una buena herramienta para estos casos. El aprendizaje y la experiencia lo son todo para este pensamiento.

El pensamiento estratégico

Si el pensamiento crítico nos dice que quizás no es buena idea meter la mano en el fuego para recoger el anillo de oro, el pensamiento estratégico nos dice que usando unas pinzas todo debería estar bien.

El pensamiento estratégico es aquel que nos plantea un fin y analiza los medios y métodos con los que cuanta el sujeto para poder llegar a su objetivo, disponiéndolo de tal manera que facilite la obtención de este con el menor coste temporal, personal y material, intentando siempre, conseguir el máximo beneficio. Creo que con el ejemplo anterior ha quedado bastante claro. Este pensamiento requiere una gran intuición, lógica, observación, imaginación, capacidad analítica y argumentación. Digamos que para un buen uso del pensamiento estratégico se requiere un correcto uso del pensamiento crítico.

De la misma forma que en el anterior pensamiento, ambos son pensamientos flexibles capaces de reorganizar los medios si el objetivo varía o se pierde de vista, razón por la cual este es un pensamiento básico para los empresarios. Ahora bien, existen dos clases de pensamiento estratégico con ligeras modificaciones.

Pensamiento occidetal:
Pregona llegar a un fin «ideal». Esto significa que el objetivo marcado no es real, el objetivo no es tangible. Puede llegar a tener un mayor o menor grado de claridad, pero este puede variar a medida que nos acercamos a la meta.
Pensamiento oriental:
Marca un objetivo real que nos permite anticiparnos a casi todo aquello que sucederá de forma natural durante el proceso con tal de sacar un provecho real de las situaciones. Se trata de un pensamiento japonés principalmente.

En este sentido, el pensamiento estratégico oriental supera al occidental, ya que nuestra filosofía dicta que no hace falta arreglar las cosa que ya funcionan, mientras que los orientales se encuentran siempre en un proceso de mejora continua. Adaptar este pensamiento es básico para realizar proyectos de larga duración, véase una novela.

El pensamiento creativo

Nos acercamos a uno de los pensamientos más importantes, pero antes… definamos que es la creatividad. La creatividad es una tema vago y confuso que en apariencia es capaz de abarcar una enorme gama de actividades y personas, desde el creativo que diseña un cartel para las fiestas de tu pueblo/ciudad hasta Miguel Ángel pintando la Capilla Sixtina. Según Edward De Bono, gran parte de esta confusión surge del choque entre las palabras «creativo» y «creatividad», parecidas pero no idénticas.

Ser creativo significa, a nivel más simple, confeccionar algo que antes no existía. Crear desorden, por ejemplo, es ser creativo. El desorden no existía y se ha creado. Después le asignamos un valor a todo aquello que es nuevo. Si eres una persona desordenada y tu habitación es un caos, felicidades, tienes ante tus narices una manifestación creativa. El problema está en que una habitación desordenada no tiene mucho valor. Otra palabra clave. En otra ocasión hablaré más en profundidad de esto, pero por ahora con esta frase tenemos suficiente. Todo lo que se produce ha de tener un valor.

La palabra creatividad, por otra parte, abarca una amplia gama de destrezas diferentes. Una persona es inherentemente creativa, ya sea en mayor o menor medida. Argumentar que la creatividad es un talento natural intrínseco de la persona y que por tanto no se puede enseñar es una soberana idiotez. Conveniente, tal vez, ya que de esta forma nos liberamos de la necesidad de fomentar la creatividad. Si se trata de una condición que la naturaleza va poniendo al azar no tiene ningún sentido en invertir esfuerzos en cultivarla y mejorarla, ¿no?

No. La creatividad resulta muy evidente en las obras de los artistas así que damos por hecho que creatividad y arte es lo mismo. Relación tienen, pero no tanto como nos creemos. Como consecuencia de esta confusión pensamos que para enseñar la «creatividad» tenemos que comportarnos (y pido perdón de antemano) como artistas. La idea de que los artistas reciben fogonazos de creatividad de forma inesperado es muy romántica, pero poco útil de aplicar.

Edward De Bono señala que el concepto erróneo es pensar que la creatividad está vinculada al arte, y que, por tanto, los artistas son los más indicados para enseñar la creatividad. No es lo mismo un maestro de la creatividad que un artista, y si bien existen personas que pueden ser ambas cosas al mismo tiempo, esta no es una relación que la mayoría de las veces se tenga que tener en cuenta. Entonces… ¿qué se supone que es el pensamiento creativo?

El pensamiento creativo consiste en el desarrollo de nuevas ideas y conceptos. Se trata de la habilidad de formar nuevas combinaciones de ideas para llenar una necesidad, por tanto, el resultado o producto ha de ser original.

Este pensamiento requiere originalidad, flexibilidad, plasticidad y fluidez. Debe funcionar como estrategia o herramienta cognitiva en la formación, construcción y resolución de situaciones problemáticas.

El pensamiento lateral

Llegamos a la guinda del pastel. Vayamos al grano. ¿Qué es esto del pensamiento lateral? Pues a grandes rasgos es un método de pensamiento que se puede utilizar como técnica para la resolución de problemas de manera imaginativa. Esta expresión fue acuñada, como no podía ser de otra manera, por Edward de Bono en su libro «New Think, The Uses of Lateral thinking», publicado en 1967.

Actualmente el pensamiento lateral tiene una definición otorgada por el Oxfard English Dictionary que lo define como «Tratar de resolver problemas mediante métodos no ortodoxos o aparentemente ilógicos». Esto puede sonar algo marciano, pero a grandes rasgos, aquí la palabra clave es «aparentemente». Y es que los métodos pueden parecer ilógicos en comparación a la lógica normal, pero en realidad no lo son. De Bono los elaboró según la lógica de los sistemas constructores de pautas que el cerebro humano realiza sin que nosotros nos demos cuenta. De esta manera, el pensamiento lateral se relaciona con la percepción, de proponer distintos puntos de vista para un problema. Podríamos decir que se ocupa de las «posibilidades» y de «lo que podría ser». Se expresa de 2 maneras distintas.

Pensamiento lateral específico:
Serie de técnicas sistemáticas que se utilizan para cambiar los conceptos y percepciones y generar otras de nueva.
Pensamiento lateral general:
Exploración de múltiples posibilidades y enfoques, en vez de aceptar un único punto de vista.

El primero son todas aquellas técnicas que se pueden usar para generar ideas, mientras que el segundo se podría definir como el pensamiento lateral que no forzamos y que no sale de forma natural. Las técnicas del pensamiento creativo se basan en la provocación del pensamiento, las cuales permiten un posible desviamiento del camino o patrón de pensamiento habitual.

Llegados a este punto probablemente estarás confuso. Lo entiendo. Yo tampoco lo entendí muy bien la primera vez que leí todo esto, así que no te preocupes. Falta poco. Todo esto se verá más claro cuando explique algunas de estas técnicas tan maravillosas. Pero antes, déjame explicarte un par de cosas más.

El pensamiento lateral funciona a base de percepción y procesamiento. ¿Pero que es la percepción? La percepción realiza la tarea de producir los ingredientes para el procesamiento de la información. Hoy en día somos capaces de generar excelentes sistemas de procesamiento, pero con la percepción no ha ocurrido lo mismo, ya que ni nosotros mismos hemos aprendido exactamente lo que es.

La creatividad tiene lugar en la fase perceptiva del pensamiento. Un ordenador recibe sus percepciones y procede a analizarlas. La mente humana forma sus propias percepciones eligiendo una versión determinada del mundo, algo que hoy en día es imposible para las máquinas. Cualquier inteligencia artificial es un muy buen ejemplo de ello. Intenta mantener una conversación coherente o preguntarle sobre temas filosóficos.

Esto se debe a los límites de la percepción. De Bono creó un concepto para ello que nombró como «la burbuja lógica». Se trata de una burbuja personal dentro de la cual cada persona actúa de manera totalmente lógica. El razonamiento es correcto, pero si las percepciones son limitadas o defectuosas la acción resultará inadecuada para la situación que se presente. De esta contradicción muchas veces nacen villanos icónicos o antihéroes interesantes. Los nazis estaban convencidos de obrar correctamente, pero nosotros sabemos que sus acciones fueron horribles. Ellos creían obrar de manera lógica porque sus percepciones eran erróneas.

Con esto tenemos suficiente. Todo es muy teórico y sé que no he profundizado demasiado en los temas, así que si de verdad te interesa aprender más sobre cómo funciona nuestra mente y aprender las técnicas de pensamiento lateral, te recomiendo que leas por tu cuenta «El pensamiento creativo» de Edward De Bono.

En la próxima entrada me centraré en comentar algunas de las técnicas que De Bono explica, principalmente las que yo he encontrado más útiles para generar ideas nuevas para historias y personajes.

¡Nos vemos!

Sobre el autor

Adrià Machín

Soy un escritor en ciernes con ganas de compartir mis experiencias. Me gusta escribir fantasía y ciencia ficción.

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