Adrià Machín Blog de autor

EL INFODUMPING, ver para creer

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Hace unas cuantas semanas dejé un libro a medias. Esto es normal, a muchas personas les ocurre. Todos sabemos lo esencial que es enganchar al lector en las primeras páginas o estás perdido. Sin embargo, yo suelo acabar todo lo que empiezo por mucho infodumping que tenga. Es una filosofía absurda que a veces me trae disgustos, pero así acabo leyendo cosas que quizás no consideraría jamás leer. ¿Por qué cuento esto? Porque como lector, solo me ha ocurrido tres veces. La primera fue leyendo un libro de fantasía juvenil después de haber acabado la saga del brujo Geralt de Rivia. Supongo que esperaba algo más fuerte y no pude aguantarlo. La segunda, con las crónicas de Narnia, y ni siquiera recuerdo bien que me disgustó tanto para dejarlo por la mitad. Esta última vez, con Moby Dick.

Ya he hablado en otra ocasión que los clásicos de la literatura pueden ser duros y uno debe ser consciente donde se está metiendo, pero me considero un lector capaz. He leído grandes obras de la literatura clásica sin muchos problemas. Así pues, cogí a Moby Dick con buenos ojos y empecé a leer dispuesto a añadir un libro más en mi lista de leídos.

Para mi sorpresa, no pude. El libro empieza francamente bien, con diálogos y dos personajes que en apariencia van a ser los protagonistas… pero es una tapadera. En algún punto, el autor empieza a obsesionarse en soltar enormes cantidades de información acerca la pesca ballenera, por no hablar de los enormes capítulos de monólogo interiores que va encajando allá donde puede sobre el pasado de los personajes y cosas por el estilo.

Y mientras iba leyendo y saltándome páginas (mala señal, muy mala señal) me preguntaba:

¿Por qué tengo la sensación de estar leyendo un ensayo?

Puede que ya lo sepas, pero este sentimiento al leer ingentes cantidades de información que no vienen a cuento de nada tiene un nombre y se llama infodumping. Viene a ser la forma internacional de decir «exposición». Es un volcado de datos en medio de la trama cuyo objetivo es presentar información o explicar algo de manera tediosa, lo que suele conllevar horribles resultados para la narrativa. Los escritores sufrimos esta enfermedad a menudo, en especial aquellos que escriben novela histórica. Ojo, esto nos afecta a todos. La fantasía y la ciencia ficción no están exentas de este parásito con forma de párrafos innecesarios.

Es natural que, como creador de un mundo, sientas la imperiosa necesidad de querer enseñarlo todo. Por ello se dice que las novelas históricas sufren más las causas del infodumping que otros géneros. Cuando un escritor se informa con esmero sobre una etapa histórica concreta porque su novela va a estar ambientada en esa época, muchos caen en la tentación de mostrar lo bien informados que están. No es algo que se haga a propósito, pero con el objetivo de dar realismo a las escenas o dar contexto, muchas veces se incluyen detalles que, para la trama, puede que no sean tan relevantes como para ser mencionados.

Esto me lleva a comentar que el infodumping es distinto según los géneros. Sigue siendo exposición innecesaria, pero a no ser que se trate de fantasía o ciencia ficción histórica, en nuestro caso, difícilmente será como el infodumping de novelas históricas al uso. No nos podemos ir por las ramas de la misma forma. Aquí entra el worldbuilding, o como a mi me gusta llamarlo porque suena más fino, la comopoiesis.

Clases de infodumping

El infodumping es peligroso, podemos aburrir o saturar al lector si le soltamos mucha información de golpe. Los lectores vienen a disfrutar de un mundo distinto y sus personajes interesantes, no ha recibir una clase de Historia ficticia. Y no solo la Historia del mundo puede sufrir párrafos de infodumping, he llegado a catalogar hasta 4 formas distintas que tenemos los escritores de vomitar información al lector:

  • Infodumping de trama:

Producto directo de la sobreproducción de cosmopoiesis. Suena pomposo porque lo es. He de reconocerlo, me vuelvo loco creando mundos. Me consuela pensar que no soy el único. Muchos nos venimos arriba cuando toca cincelar nuestra criatura. Algunos, y aquí me incluyo, podemos llegar a pasar más tiempo en la cosmopoiesis que escribiendo la propia novela. Es una procrastinación peligrosa, porque cuando más grande y detallado es tu mundo, más ganas tienes de enseñar cada rinconcito.

Esto lleva a crear mundos que son tan extensos y detallados que si no se maneja bien, acaban con la paciencia del lector. De nada sirven 2.000 años de Historia si la trama es aburrida. Muchas veces no hace falta informar al lector de las dinastías y los tratados que se hayan hecho 300 años antes si el lector no requiere esa información para entender la historia. Se pueden dejar pistas, pero no podemos permitirnos vomitar datos sin contexto.

¿Cómo evitar esto? Difícilmente puedo dar una solución a esto porque cada escritor es un mundo. La única manera que he visto de evitarlo es escribir otras cosas. No puedo cambiar la forma de escribir, pero si puedo parar de producir cosmopoiesis. En mi caso escribo relatos cortos, abro el blog y empiezo a esbozar sobre algún tema del que me interesa hablar o simplemente hago otra cosa.

  • Infodumping de personaje:

¿Cuántas veces nos hemos encontrado con el problema de como carajos describo un personaje? Y aquí solo hablo de la apariencia física del personaje y, quizás, un poco de su personalidad. Yo tiendo a describir con más detalles aquellos personajes que son más importantes que al resto. ¿Está eso bien? No tengo ni idea. Sin embargo, lo que si puedo decir es que muchas veces menos es más.

De igual forma, muchas veces caemos en el error de describir la vida entera del personaje nada más presentarlo. No hay nada más aburrido que enterarte de todo en unos cuantos párrafos. Es más interesante mostrar que vomitar. Para evitarlo podemos usar flashbacks, pero tampoco me convencen especialmente como recurso literario. Es una opinión personal, pero creo que los personajes deberían mostrar en el propio ahora como son. Sin embargo siempre hay excepciones, y a veces es mejor recurrir eventos pasados para mostrar cierta faceta de los personajes que intentar buscar formas extrañas de hacerlo.

En resumen, el lector no es tonto. Unas pinceladas para la presentación suelen ser suficientes. A medida que el personaje se desarrolla o interacciona con otros personajes podemos dar información que en primera instancia podrían resultar engorrosos de leer de golpe. Estudiar como otros autores resuelven estos problemas puede ser un muy buen ejercicio para ver tus propios errores.

  • Infodumping de escenario:

Este puede ser más subjetivo. Hay escritores que prefieren detallar la habitación en la que se encuentra el protagonista con mucho esmero, pero eso es peligroso. ¿Necesita saber el lector de que color son las cortinas y cuando las compro el propietario? Si la trama no lo requiere, posiblemente es una información que sobra. Lo mismo ocurre con escenarios más grandes como ciudades o lugares que el autor supone que son de interés para el lector.

  • Infodumping al detalle:

Viene a ser el mismo que el de escenario pero a pequeña escala. Tomemos las cortina del anterior ejemplo e imagina que el autor le dedica tres párrafos gordos en explicar como es la cortina, su color, la textura, cuando fue comprada, por quien, y sobre todo, el precio que pagó el propietario por ella. Ya de por si está información es engorrosa, pero si encima no viene a cuento es peor. Si el objeto no tiene un papel en la trama, es probable que toda la información sea redundante.

¿Se puede evitar este error? En un principio no, como escritores a veces nos obcecamos en cosas que no son beneficiosas para nuestras historias, y hasta que no venga alguien externo a decirnos que eso u aquello sobra no lo sabremos. Sin embargo, yo tengo un truco. No es perfecto, pero intento describir con detalle un objeto solo cuando sé que aparecerá en más de una escena y que podrá, o no, jugar un papel importante para la trama.

Obviamente es mucho más interesante describir la bola de cristal resquebrajada de un vidente que unas cortinas, pero ya nos entendemos. Hay que intentar evitar las descripciones innecesarias a toda costa.


¿Y todo esto a que viene? Pues que cierta novela, Moby Dick, me hizo pensar en lo importante que es dosificar la información. No podemos comparar una obra escrita en 1850 con las novelas de hoy en día por razones obvias, pero podemos analizar aquello que consideramos desfasado para evitar no caer en esos «errores» en el presente.

La exposición siempre se ha considerado un pecado capital de la escritura, pero tampoco veo que a las grandes obras de literatura se las critique o señale por sus terribles formas que tenían de soltar la información al lector. Podríamos decir que eran otros tiempos, otras maneras de escribir, y sería verdad, pero no creo que sea eso. A veces tenemos a ciertas figuras pegadas en altares.

En resumen, la exposición es mala. O quizás tendríamos que matizar. Se puede informar al lector de muchas formas distintas. Ver para creer es mi máxima a la hora de escribir. También se le puede llamar exposición indirecta, y es exactamente lo que significa en ambos casos. Se trata de informar al lector de forma más sutil a través de la propia historia y sus acontecimientos. Personajes manteniendo conversaciones sobre información que en su propio mundo ya deberían conocer o comentarios que van dirigidos al lector para que se enteren son ejemplos inequívocos de infodumping en diálogos. No hay forma de evitarlo a parte de poner mucha atención a la hora de escribir y practicar.

¡Nos vemos!

Sobre el autor

Adrià Machín

Soy un escritor en ciernes con ganas de compartir mis experiencias. Me gusta escribir fantasía y ciencia ficción.

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